Resumen:
La violencia hacia las mujeres se ha convertido de forma exponencial en un mal social. Se requiere desarrollar estrategias de enfrentamiento que involucren al sistema familiar completo y porque no a toda la comunidad. La violencia en sentido general nos golpea de forma directa e indirecta, como victimas pasivas recibimos los embates que por crueldad de los hechos y la frecuencia de los mismos, nos coloca en una posición de frialdad o de sobreprotección. Se requiere desarrollar planes de acción, ejecutar medidas preventivas, integrar a todos los miembros, porque al final, la violencia nos afecta a todos.
Violence against women has exponentially turned into a social evil. It is necessary to develop confrontation strategies that involve the whole family system and why not the whole community. Violence in a general sense hits us directly and indirectly, as passive victims we receive the attacks that by cruelty of the facts and the frequency of them, puts us in a position of coldness or overprotection. It is necessary to develop action plans, implement preventive measures, integrate all members, because in the end, violence affects us all.
Descriptores: violencia, violencia física, secuelas, intervención, familia, violencia de genero

INTRODUCCIÓN
La violencia se ha convertido en el pan nuestro de cada día, llegando a ser un problema social y de salud pública, ya que toca los cimientos de la familia, célula primaria de toda sociedad. Se estima que cada año en los Estados Unidos entre tres y cuatro millones de mujeres reciben agresiones físicas severas por parte de sus compañeros. Aproximadamente el 95 % de las víctimas de violencia doméstica son mujeres (U.S. Departamento de Justicia, 1995).
La agresión física contra mujeres dominicanas dentro de sus propias casas es un mal que cada día cobra más víctimas (Estudio profamilia “Violencia Conyugal en la República Dominicana, hurgando entre sus raíces, 2005). En esta problemática hay múltiples variables, sociales, culturales, educativas, económicas, que inciden en la violencia a la mujer incrementándose cada día mayor número de mujeres agredidas. La implicación en esta situación de violencia desencadena antecedentes transgeneracionales, culturales y familiares.

La necesidad de indagar la percepción de la violencia y sus mitos dentro de la dinámica que implica este tipo de problema mueve a formularse múltiples interrogantes, situación que aún más conviene reconocer los porqués de esta situación.
Los planes de acción son diversos y las limitaciones también, no obstante, el enfoque de todos los proyectos dirigidos a este “cáncer social”, llamado “violencia física”, empuja al tema de este ensayo como tema central.
Por consiguiente, la violencia machista, que agrede, fulmina y que invalida psicológicamente y físicamente representa un planteamiento de la realidad que se manifiesta en las mujeres de nuestra sociedad, lacerando de forma medular a la familia y a sus componentes.

LA VIOLENCIA COMO MECANISMO DE CONTROL

Las agresiones y la violencia doméstica contra la mujer entran en el renglón de la llamada “violencia intrafamiliar”; sin embargo, desde una perspectiva más amplia, se entiende que estamos frente a un fenómeno social. Esto significa, que al estudiar el fenómeno de la violencia hay que tomar en cuenta las diferentes perspectivas desde la cual se puede interpretar tal fenómeno. Por otro lado, los factores y variables a estudiar son multifactoriales: lo social, lo cultural, lo educativo, lo económico. La violencia contra la mujer ha dejado un camino desafortunado en donde se han registrado mil 166 feminicidios, esto es entre los años 2005 y 2016, seguido de un año 2017 funesto con la escalofriante cifra de 91 feminicidios, datos suministrados por la Procuraduría General de la Republica, en su departamento de estadísticas.
En la actualidad se está creando conciencia de la complejidad de la violencia, de los niveles que ha alcanzado y de la necesidad de abordar sus componentes preventivos de una manera integral y sistémica.
El desarrollo de estrategias de prevención, dirigida al campo de la violencia y, de forma específica, al tipo de violencia física en las mujeres, será posible en la misma medida en que se diseñen y se implementen mecanismos para el cambio.
La encuesta ENDESA (encuesta demográfica y de salud 2007) plantea que “el 30% de las mujeres del país alguna vez casadas o unidas ha sufrido violencia física por parte de su

esposo o compañero”. De igual forma, las Naciones Unidas definen la violencia hacia las mujeres como “el crimen privado más extendido del mundo”, además de considerarlo como “total y directamente en contra de todos los objetivos del desarrollo.

INICIO DE UN RECORRIDO HISTÓRICO Y SU PROCESO DE CAMBIO

En 1962 se describe el “síndrome del niño golpeado” en un intento de delimitar un cuadro de traumatismo físico causado a niños por sus padres o cuidadores. En los años siguientes se describieron otras formas de maltrato a niños en el ámbito familiar que van desde la negligencia en los cuidados hasta la muerte, pasando por el abandono afectivo, el maltrato social y el abuso sexual, llegándose a la denominación más amplia de “síndrome del niño maltratado”.
Diez años más tarde, en 1971 se comienza hablar de un nuevo tipo de violación familiar: las mujeres golpeadas. En este hecho tuvo gran influencia la ya mencionada creación en Inglaterra en el año 1971, por Erin Pizzey, del primer centro de acogida para mujeres maltratadas por su pareja. En 1974, por iniciativa por Pizzey, se publicó el libro “Scream quietly or the neigbbours will bear”, en el que se muestra el aislamiento de las mujeres golpeadas y la dificultad de la sociedad para dar respuesta a este problema.

El tema de las mujeres golpeadas fue denunciado inicialmente por las organizaciones de mujeres, las propias mujeres golpeadas y por el movimiento feminista, éste señalaba la existencia de mujeres golpeadas por sus parejas como la “parte visible del iceberg” de la opresión.
En la década del 60 al 70, las formas de describir a las mujeres golpeadas oscilaban entre “muy masculina” a “muy femeninas” o bien entre exceso de “asertividad” o de “pasividad”. Gelles en el año 1974 realizó uno de los primeros estudios en EE.UU. sobre violencia física entre cónyuges; este estudio exploratorio concluía que la violencia conyugal tiene mayor frecuencia de lo que acepta en la opinión pública.
Los sociólogos Dobash y Russell P. Dobash realizaron una investigación sobre abuso en la pareja en el contexto del matrimonio patriarcal; señalan a modo de conclusión que “el uso de la fuerza física contra las esposas, debe ser visto como un intento por parte del marido de que las cosas se desarrollen como él la desea. Es básicamente una conducta con un propósito y no una acción aberrante o inusual.”

La investigación sobre el tema comienza en América Latina, aproximadamente una década más tarde que en EE.UU. y Europa. Los primeros estudios sobre el tema lo realizaron principalmente los organismos no gubernamentales, existiendo en varios países dificultades de estas instituciones de tener acceso a datos oficiales que pudieron entregar la policía, los tribunales, etc.…

Cronología
– En 1960 se incluye el tema de la violencia doméstica.
– En 1976 se crea el Tribunal Internacional de Delitos Contra la Mujer, en honor a Clara Zeltkin. Es un hito en la historia por la lucha para que se considere un problema social.
– En mayo de 1979 es promulgado por la ONU la Convención sobre la Eliminación de todas las formas de Discriminación de la Mujer, y, sin embargo, ésta ha sido la Convención que menos países firmaron y una gran mayoría de países se retiraron del salón cuando hubo que someterla a votación. Cuba fue el primero que firmó. El ser humano mujer, como sujeto de derecho, no fue considerado.
– A partir de 1980, en la segunda mitad, se propusieron otros cambios, la atención se dirige a diferentes formas de violencia, pero la legislación no es la que resuelve los problemas, es una comisión necesaria pero no suficiente.
– En 1986 el Parlamento Europeo propugnó una resolución sobre la agresión a las mujeres.
– 1992 se crea un Comité para la Eliminación de todas las formas de Discriminación hacia la Mujer para apoyar la

Convención.
– En 1993, en Viena, sesiona el II Congreso Mundial por los Derechos Humanos, se reconoce aquí y se subraya la violencia contra la mujer en la esfera privada como violación de los derechos humanos. Anteriormente se pensaba esta situación con la manida expresión: “entre marido y mujer nadie se mete”. Se declara entonces, que los derechos de las mujeres son parte inseparables, integral e inalienable de los derechos humanos universales.
– En diciembre de ese mismo año, la asamblea general de la ONU considera la declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, como el primer instrumento internacional de derechos humanos que formalmente aborda la violencia de géneros. Y define la violencia de género como: todo acto de violencia basado en el género que produce daños físicos, sexuales, sociales, psicológicos, emocionales, en la vida pública o privada. (El acoso sexual, ejemplo de violencia de género en vida pública).
– En septiembre de 1995 se produce la 4ta. Conferencia Mundial sobre la Mujer, en la cual se firma la Declaración de Beijing. Se considera que la eliminación de la violencia contra la mujer es esencial para alcanzar la igualdad, el desarrollo y la paz.
– En 1998 la OMS adopta la definición de la violencia contra la mujer de las Naciones Unidas como referencia para todas sus actividades posteriores.

El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer, aprobado por la Asamblea General de las Naciones Unidas en su resolución 50/134 el 17 de diciembre de 1999, se celebra anualmente cada 25 de noviembre. La propuesta fue realizada por la Republica Dominicana con el apoyo de 60 países más para que se celebrara dicho día.
En 1993, la asamblea general de las Naciones Unidas aprobó la Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, en la que se definió la “violencia contra la mujer” como “todo acto de violencia basado en el género que tiene como resultado posible o real un daño físico, sexual, o psicológico, incluidas las amenazas, la coerción o la prohibición arbitraria de la libertad, ya sea que ocurra en la vía pública o en la vía privada”.
En la República Dominicana se aprobó el 27 de enero de 1997 la ley 24-97 que modifico el Código Penal e instituyo como delito la violencia intrafamiliar y contra las mujeres, dentro y fuera del hogar, incluyendo por primera vez la violación sexual entre parejas, siendo este un avance del Estado Dominicano en materia de defensa de los derechos humanos, y específicamente hacia la igualdad y equidad entre los géneros.
Por otro lado, conocemos el rol fundamental de la familia y su influencia en la socialización del ser humano, su carácter de primer eslabón en la enseñanza y aprendizaje en el aspecto emocional, cognoscitivo y conductual. Sin embargo, es en la familia donde se encuentran los más altos de niveles de interacción violenta. De acuerdo a lo señalado, la violencia contra la mujer está sostenida en el ámbito familiar por dos piedras angulares: 1. El lugar social de las mujeres como propiedad de los hombres, y 2. La noción difundida socialmente de que el hogar es un lugar privado en cuyos procesos no deben intervenir los extraños.

La comunicación en el sistema familiar
Minuchin (2001) sustenta que la familia es el contexto natural para crecer y recibir auxilio, de él dependerá el terapeuta de familia en la obtención de las metas terapéuticas.
La familia en grupo natural que en el curso del tiempo ha elaborado pautas de interacción. Estas constituyen la estructura familiar, que a su vez rige el condicionamiento de los miembros de la familia.
Como se puede observar la dinámica familiar se mueve en un espacio de interacción y comunicación constante, por ello Satir (1983) define una defunción familiar como falla o disfunción en los procesos de la comunicación. Norman Wright decía: “para que la comunicación sea efectiva presenta un mensaje de tal forma que esté de acuerdo con la forma en tu cónyuge responde a la vida y procesa la información”.
Para Bornstein y Bornstein (1988) el problema genérico de la comunicación se refiere a la transmisión inadecuada de los mensajes simbólicos. Y agregan que no hay duda de que el déficit de comunicación constituye un problema nuclear en los conflictos de parejas.
Madanes (1993) argumenta que quienes acuden a terapia lo hacen porque desean cambiar sus patrones disfuncionales de comunicación e interacción. Como se puede ver, la comunicación es un elemento vital y una clave hermenéutica del “yo familiar”. Por medio de la comunicación el terapeuta puede determinar el nivel de disfuncionalidad de la familia. Por tal razón, la familia vista como un sistema abierto cuando entra en terapia plantea una de las metas más importante del terapeuta que es cambiar los patrones de comunicación.

CONCLUSIÓN

El conocimiento de la dinámica de la violencia, y de forma más específica lo que subyace en el conocimiento de esta problemática es imprescindible en la intervención con mujeres maltratadas por su pareja, ya que el problema de la violencia contra la mujer no puede ser comprendido centrándose exclusivamente en la psicología del individuo, sino dentro del sistema familiar íntegro.
Otro aspecto a destacar es la necesidad de trabajar dentro de un equipo multidisciplinario, donde se pueda dar respuesta a las necesidades de tipo legal, laboral y social que tan frecuentes son estas mujeres y que también van a influir en su recuperación centrándonos en los aspectos psicológicos y sistémicos que a continuación señalamos y que consideramos más relevantes:

1. El tipo de violencia, abuso y control.
2. Los efectos psicológicos del abuso
3. Las estrategias de las mujeres maltratadas para escapar, evitar y/o sobrevivir del abuso.
4. Factores que median tanto las respuestas al abuso como las estrategias de este.
Al evaluar los efectos psicológicos de la violencia, abuso y control, es necesario tener en cuenta:
1. Los cambios cognitivos, las expectativas, las percepciones o la autoestima a de la mujer maltratada.
2. Los indicadores de malestar o disfunción psicológica: ejemplo los miedos, la ira, la depresión, el abuso de sustancias, etc.
3. Los problemas de relación con otras personas distintas al agresor, tales como problemas de confianza en los demás, miedo a la intimidad, etc.
Todas estas respuestas deben ser inicialmente consideradas como respuestas al trauma, siendo esto una de las tantas hipótesis sistémicas que se pueden poner a prueba a lo largo de la intervención.
Los factores históricos, de aprendizaje y de salud física, tales como la socialización rígida en los roles de género; victimizaciones anteriores y otros traumas sufridos en la infancia, que pueden aumentar la vulnerabilidad de la mujer y propiciar que victimizaciones posteriores tengan efectos más negativos. Un punto de mucha importancia es evaluar los aspectos positivos y negativos de la relación con la pareja que percibe la mujer maltratada, ya que es importante conocer estas percepciones para comprender su conducta dentro de la situación de abuso.
Los principios más importantes que se deben tomar en cuenta al momento de iniciar un proceso terapéutico con mujeres que han sido abusadas, son los siguientes.
1. Seguridad de la mujer.
2. Empoderamiento.
3. La validación de sus experiencias.
4. El énfasis en sus puntos fuertes.
5. La educación
6. La diversificación de sus alternativas.
7. Restaurar la claridad en sus juicios.
8. Comprensión de la opresión.
9. Tomar sus propias decisiones.
10. Tratamiento de los síntomas producidos por el abuso mediante técnicas, donde su enfoque sea el aquí y el ahora, como el propuesto por la Terapia Breve Centrada en Soluciones.
Por consiguiente los objetivos básicos dentro del programa de intervención son los siguientes:
1. Aumentar la seguridad de la mujer maltratada, ya que no se puede olvidar el peligro físico en el que viven inmersas estas mujeres.
2. Reducir y/o eliminar sus síntomas.
3. Aumentar sus autoestimas y seguridad en sí misma.
4. Aprender y/o mejorar los estilos de afrontamiento, de solución de problemas y de toma de decisiones.
5. Fomentar una comunicación y habilidades sociales adecuadas.
6. Modificar las creencias tradicionales acerca de los roles de género.
Sumado al enfoque de esta corriente sistémica se hace necesario trabajar con estrategias para el control de la ansiedad (respiración profunda, relajación muscular progresiva), entrenamiento en habilidades sociales, entrenamiento en solución de problemas, y sobre todo la

inclusión de un componente educativo donde se aborden las creencias sobre el maltrato a la mujer.
En conclusión se presentan las siguientes recomendaciones, guiada bajo la esperanza de despertar en una patria más equitativa, equilibrada y justa:
1. Desarrollar un proceso de sensibilización y capacitación a las autoridades del sector sobre la importancia del enfoque de género en las condiciones de salud.
2. Capacitar a las autoridades en cómo incorporar el enfoque de género y con estas herramientas saber manejar los diversos casos que llegan a los tribunales donde las variable a tratar varían de acuerdo al patrón de violencia utilizada.
3. Fomentar políticas dirigidas al trabajo directo con las familias, utilizando como foco de captación las escuelas, iglesias, centros recreativos, asociaciones, etc., cuyo objetivo básico este apuntando al proceso de prevención primaria, y en su justa medida una prevención secundaria.
4. Mayor apoyo económico por parte de las autoridades con el objetivo de mantener una serie de programas que se llevan a cabo por medio de ONG, fundaciones, clubes etc.…así como también programas cuyos objetivos de centran en el sector público.
5. Dirigir campañas en los medios de comunicación contra la violencia, pero que estas campañas no solo se dirijan a la mujer sino también al hombre como forma de concientización.
6. La violencia en la pareja, y de forma más específica del hombre hacia la mujer, forma parte de un circuito de abusos que vamos aprendiendo y como tal, en la misma medida debe de ser desarticulada, ya que abarca y afecta todos los seres humanos, sin ninguna excepción.
La violencia tiene consecuencias negativas para todos y, en este sentido, constituye un desafío para la salud pública, pero también, supone un desafío para toda la sociedad y los valores que esta fomenta. Si queremos que esta sociedad esté formada por individuos responsables, hay que modificar los valores sociales, familiares, para construir una sociedad más igualitaria y más respetuosa.

 

Maria S. Grullon, M.A.
Instituto Nacional de Ciencias Forenses INACIF
AREA DE MEDICINA LEGAL
DEPARTAMENTO DE PSICOLOGIA FORENSE

Licda. En Psicología Mención Clínica, Experta en Psicología Jurídica, Maestría en Terapia Familiar y de Pareja. Especialidad en Intervención Psicosocial En Ciencias Forenses. Coordinadora Nacional, Departamento de Psicología Forense: Instituto Nacional de Ciencias Forenses, INACIF. Docente Universitaria: Amplia experiencia como perito experto, en temas de delitos sexuales y violencia de género. Colaboración, Diseño, implementación y seguimiento de protocolos, guías de actuación, etc., vinculadas al área de su especialidad.

 

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