El sistema penitenciario, ante la necesidad de las personas de gozar de una vida afectiva y sexual plena, ha regulado las visitas íntimas. Este contacto esta diseñado para mantener los vínculos de pareja. Existen dificultades inherentes a este tipo de comunicaciones (temporalización estricta, falta de tiempo, falta de intimidad, nefastas condiciones ambientales, etc.),  éste es el único marco posible para el mantenimiento de los vínculos afectivos entre parejas cohesionadas, no es del todo extraño que muchas parejas no resistan el encarcelamiento de uno de sus componentes. (García-Bores 2006),   

El encarcelamiento supone, intrínsecamente, una separación física entre la familia y la persona presa, es decir, una ruptura de la convivencia, de la comunicación continuada y, en algunos casos, incluso puede comportar la ruptura definitiva de la relación familiar. El sistema penitenciario contribuye al empobrecimiento y deteriora miento de los vínculos familiares, y el alejamiento de las amistades y del entorno social al que, tarde o temprano, tendrá que volver la persona presa. En definitiva, la cárcel impide avanzar en el establecimiento de unas relaciones interpersonales constructivas y positivas. (García-Bores, 2006).

Según Almeda, (2003) citado por García-Bores, (2006), el compañero/a sentimental de la persona encarcelada no es inmune a la ruptura de la convivencia. La distancia y el tiempo sin contacto hacen que en muchos casos se rompa la pareja, o se recurra a las relaciones extraconyugales. ] Esto aún es más evidente en los casos en que la mujer es la encarcelada, ya que la presencia de las visitas de la pareja va disminuyendo con el tiempo y es bastante probable que, incluso, desaparezca todo tipo de contacto o se inicie otra relación paralela, hasta que finalmente se rompa la pareja. Llama la atención la gran cantidad de mujeres presas que nunca reciben visitas ordinarias, o íntimas, o paquetes, o dinero, provenientes del exterior.

La inexistencia de comunicaciones supone un factor adicional de aislamiento y una privación emocional que contribuye a endurecer todavía más la condena. (García-Bores, 2006).

Galván, Romero, Rodríguez y otros (2006), argumentan de los resultados de varios estudios que apoyan el punto de vista de que el encarcelamiento tiene una re persuasión negativa sobre las relaciones de pareja. En este sentido es importante señalar que un elevado número de las parejas donde uno de los cónyuges está encarcelado da por finalizada su relación  al no poder  resistir los efectos de la prisionalizacion.

Herrera y Expósito, (2010) en un estudio que realizaron sobre aspectos psicosociales de la encarcelación encontraron diferencias significativas de los efectos de la prisionalización sobre las parejas tanto así que los hombres consideran más, que las mujeres que su relación de pareja se verá afectada por su ingreso a prisión.

Sin embargo, un estudio de la asociación Zubiko (2004), citado por García-Bores, (2006) a parejas femeninas de hombres encarcelados constata los altos niveles de fidelidad de ellas. En la mayoría de casos, no contemplan la posibilidad de abandonarles, ya que lo considerarían una traición.

Por otra parte, un estudio realizado por la Universidad de Barcelona y coordinado por García-Bores, (2006) se refiere sobre las consecuencias que las parejas sufren cuando uno de los cónyuges esta privado de libertad:

 

  • La ruptura de la convivencia conyugal o de pareja como resultado del encarcelamiento, es una situación que puede ser padecida extremadamente, no sólo por  la persona encarcelada, sino también para el componente de la pareja que está en libertad.

 

  • La falta de afectividad, de apoyo, la imposibilidad de poder compartir las responsabilidades o los buenos momentos, hace que las parejas de las personas encarceladas sientan, en primera persona, un castigo emocional que, con sus propias palabras, no consideran justo.

 

  • El propio miedo al abandono o los celos también deterioran las relaciones de pareja.
  • Muchas de las mujeres destacan que el encarcelamiento de su pareja ha afectado mucho a la forma de vivir su sexualidad. En este sentido destacan principalmente la automatización y la obligatoriedad con la que algunas de ellas viven las relaciones sexuales.

 

La escasez de contactos eróticos con la pareja hace que las relaciones sexuales se vuelvan casi obligadas. Los horarios tan restringidos no ayudan nada a que se pueda dar un ambiente adecuado para minimizar esta problemática. Lo mismo pasa con las instalaciones, que son muy frías, extremadamente austeras y en muchos casos con una higiene pésima.

Por otra parte, algunas mujeres limitan su vida social porque su pareja está encarcelada. Además, dejan de vivir de forma positiva determinados aspectos de la vida cotidiana porque su compañero está en la cárcel. Esto se produce por una concepción del amor romántico tradicional caracterizado por la posesión y la dependencia emocional. Las mujeres han sido socializadas dentro de esta concepción del amor y las relaciones con el otorgamiento de un papel pasivo y sumiso en un grado más elevado que los hombres.

El sentimiento de vergüenza también es compartido  por muchas de las mujeres que visitan a su pareja en prisión afectando así la relación. García-Bores, (2006) estos autores también señalan el papel que juegan las celdas conyugales en la conservación, dinámica y funcionabilidad de la pareja al referir que:

El sistema penitenciario, ante la necesidad de las personas de gozar de una vida afectiva y sexual plena, ha regulado las comunicaciones íntimas, llamadas vis a vis. Este contacto que, recordemos, se produce dos veces al mes durante 90 minutos, es la fórmula diseñada para mantener los vínculos de pareja.

Si a las dificultades inherentes a este tipo de comunicaciones (temporalización estricta, falta de tiempo, falta de intimidad, nefastas condiciones ambientales, etc.), le añadimos que por cierto, es el único marco posible para el mantenimiento de los vínculos afectivos entre parejas cohesionadas, no es del todo extraño que muchas parejas no resistan el encarcelamiento de uno de sus componentes.

Por tanto, a la vista de los resultados mostrados, podemos decir, que existen en las relaciones de pareja donde uno de sus componentes esta encarcelado rasgos significativos que nos dan cuenta de una descompensación entre el papel que desempeñan y las recompensas afectivas y materiales que reciben. Al mismo tiempo, parece que podemos encontrar algún tipo de relación entre sus trayectorias de vida y la forma como han planteado las relaciones de pareja. (Miguel Calvo, 2008).

Con respecto a la percepción que le proporcionan los miembros de la pareja a su relación en el contexto de las celdas conyugales es similar en ambos, siendo ésta calificada como estable a diferencia de los autores Carcado, López y Begoña (2006),  en su teoría de los efectos nocivos que tiene el hecho de ingresar en prisión sobre la vida de pareja y sexual de los internos e internas de centros penitenciarios.

Asimismo, las parejas estudiadas continúan su relación conyugal a pesar la prisionalizacion que sufre el interno a diferencias del elevado número de parejas que dan por finalizadas sus relaciones al no poder resistir los efectos de la prisión según la teoría de Galván, Romero y Rodríguez (2006).

Con respecto a la teoría de Herrara y Expósito  (2010), la cual trata sobre los aspectos psicosociales de la encarcelación encontraron diferencias significativas de los efectos de la prisionalizacion sobre las parejas tanto así que los hombres consideran más, que las mujeres que su relación de pareja se vera afectada por su ingreso a prisión  semejantes a las parejas estudiadas que también consideran que su relación de pareja se vio afectada de manera significativa después de la prisión.

Por otra parte, las parejas estudiadas consideran que su relación conyugal se ha se ha mantenido y fortalecido, encontrando similitud con la teoría de Garnica (2006), la cual expresa  que ha consecuencia de la reclusión, la relación de pareja se ha fortalecido y mantenido.

De acuerdo a las parejas estudiadas los factores que las motivan a continuar la relación conyugal son:  el apoyo de la pareja, la confianza, el compromiso, la comunicación, el agradecimiento, el amor que se tienen y los hijos procreados, confirmando la teoría de Calvo (2008), sobre la forma de enfrentar, relacionarse y apoyarse los miembros de la pareja es clave en eso momentos de elevados estrés que supone la perdida de la libertad por tanto, las  parejas han encontrado algún tipo de relación entre sus trayectorias de vida y la forma como han planteado las relaciones de pareja.

Por otro lado, las dificultades que afectan a las parejas que utilizan celdas conyugales según la teoría de García-Bores (2006), están: la falta de afectividad, el propio miedo al abandono, los celos, la distancia, la temporalización estricta, falta  de tiempo, falta de intimidad, sentimiento de vergüenza de las mujeres, las condiciones de las instalaciones. Del mismo modo, las parejas estudiadas comparten estas mismas dificultades, confirmando así, la teoría antes mencionada.

En cuanto, al proceso de adaptación a las celdas conyugales, las parejas estudiadas mostraron tener bajos niveles de adaptación, y  cabe resaltar que  su adaptación  está condicionadas a situaciones específicas tales como: es la única manera de poder tener intimidad con su pareja, es la regla establecida en el Centro, no existe otro lugar donde tener el encuentro, para demostrar con la visita conyugal apoyo  y amor al cónyuge, por las exigencias del cónyuge y para evitar problema en el futuro. Del mismo modo, las parejas confirmaron que en las celdas conyugales deben mejorarse: las instalaciones de las celdas, ser rigurosos con la higiene, arreglar las duchas, respetar las normas de utilización establecidas en las celdas conyugales por el Departamento de Asistencia Social y mejorar los colchones que se utilizan.  Por otro lado la sexualidad de las parejas ha sufrido cambios significativos por la utilización de las celdas conyugales y  la calidad de sus relaciones sexuales ha cambiado  después de la prisión.

 

Por Rosa Nerys Félix Martínez

Psicologa clinica, Terapeuta familiar y sexual.

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